La nueva Ley de Telecomunicaciones en México y el arte de callar con estilo. En nombre del progreso y la conectividad universal, el Estado mexicano acaba de dar un paso magistral hacia el control de la palabra digital. Porque, según la narrativa oficial, lo que urge no es garantizar derechos, sino ponerles correa. La nueva Ley Federal de Telecomunicaciones promete llevar internet a todos los rincones del país, pero al mismo tiempo se lleva entre las patas algo mucho más valioso: la libertad de expresión. Y no, no lo hace con censura declarada, sino con una elegante fórmula de control disfrazado de eficiencia. Porque ahora el gobierno podrá bloquear plataformas digitales y decidir sobre contenidos sin necesidad de orden judicial. Una joya del autoritarismo legal. ¿El Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT)? Desaparecido. ¿La autonomía en la regulación de medios? Reemplazada por un poder Ejecutivo que quiere ser árbitro, juez y parte del debate público. ¿La privacidad de los ciudadanos? Un dato más en las bases del Estado. Literalmente. Claro, se nos dice que no habrá censura, que no se espiará a nadie, que todo será por nuestro bienestar digital. Pero esas promesas suenan tan confiables como un captcha estatal preguntando: “¿Eres un ciudadano obediente?” Lo grave no es solo lo que la ley permite, sino lo que representa: una amenaza directa a la democracia, a la crítica, a la diferencia de pensamiento. Porque cuando el poder decide quién puede hablar y quién debe callar, no estamos ante una política de telecomunicaciones, sino ante un proyecto de control ideológico. Y sí, esta reforma viola flagrantemente principios internacionales consagrados en tratados como la Convención Americana sobre Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Pero al parecer, la legalidad internacional también es opcional cuando el poder quiere más micrófonos y menos preguntas. Por eso hoy, desde esta tribuna, decimos con claridad: No se puede disfrazar de modernización lo que es, en esencia, censura. No se puede entregar el control de las voces ciudadanas a una autoridad central sin que eso tenga un nombre: autoritarismo digital. Solicitamos la intervención urgente de organismos internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la OEA, y todas las instancias que aún creen en la democracia como algo más que un slogan. Porque hoy es el Internet. Mañana, ¿qué será? ¿La prensa? ¿Las aulas? ¿Las ideas? La libertad de expresión en México no puede depender del humor político de turno. Y mucho menos de un decreto que convierte el silencio en virtud patriótica…
“La libertad de expresión no murió… solo fue nacionalizada”. Sátira sin anestesia sobre la nueva Ley de Telecomunicaciones en México. ¡Aplausos, por favor! El gobierno mexicano acaba de lograr lo impensable: convertir al Internet -ese incómodo espacio donde los ciudadanos piensan por sí mismos- en otro rincón vigilado por el Gran Hermano tropical. Porque claro, ¿Quién mejor para decidir qué podemos ver, decir o compartir que el mismo poder que no puede arreglar un bache sin licitación amañada? Ahora resulta que la libertad digital es peligrosa, y como buen peligro, debe ser regulada, monitoreada y, si es necesario, bloqueada. Todo por nuestro bien, faltaba más. Con la desaparición del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), nos han dado una clase magistral de cómo desaparecer la autonomía con una sonrisa y un decreto. ¿Para qué queremos órganos independientes cuando podemos tener un bonito comité controlado desde Palacio Nacional, que nos diga qué es verdad, qué es mentira y qué ni siquiera deberíamos estar pensando? Pero tranquilos, mexicanos: el gobierno promete que no habrá censura. Solo supervisión, vigilancia, un poquito de intervención de contenidos y, de ser necesario, un silenciamiento profiláctico para evitar “el caos digital”. Porque en esta nueva versión de la democracia, el silencio ya no es represión: es orden patriótico. Y sí, ya sabemos que la Constitución dice que tenemos derecho a expresarnos libremente. Pero vamos, eso fue redactado cuando Internet todavía sonaba a ciencia ficción. Hoy, el nuevo mandato es claro: todo lo que digas podrá ser monitoreado, clasificado y, si molesta mucho, eliminado. Lo más irónico de todo es que esta Ley se aprueba mientras México posa en foros internacionales hablando de libertad, democracia y derechos humanos. En lo local, se centraliza el control y se desactiva la crítica. En lo internacional, se aplaude con cara seria. Qué habilidad para hacer yoga constitucional. Y mientras los ciudadanos levantan la voz, el mensaje desde el poder es simple: “No te estamos callando, solo estamos organizando tu silencio”. ¿Preocupación ciudadana? ¿Pronunciamientos de la CIDH? ¿Convenciones internacionales? ¡Por favor! Aquí lo que importa es tener el control del WiFi y de la narrativa. Hoy controlan las plataformas. Mañana, tal vez los pensamientos. Y pasado mañana, muy probablemente hasta los memes. Bienvenidos al país en donde pensar libremente será considerado un acto de alta traición digital. Pero eso sí: con conexión “universal” cortesía del Estado…
Trump dice lo que en México se calla. Donald Trump, dijo que los cárteles tienen “petrificadas” a las autoridades mexicanas, que controlan territorio y trafican fentanilo como cruzar por la aduana VIP. ¿Mentira o verdad incómoda? En lugar de desmentirlo con datos, el gobierno mexicano guarda silencio o quizás prepara otra demanda. Porque la moda en Palacio Nacional es litigar la verdad: ya demandaron al abogado de Ovidio Guzmán por “difamación”, ¿Por qué no a Donald Trump? Total, él se atrevió a decir que el narco manda y el Estado tiembla. Pero hay un pequeño detalle: Trump habló en Estados Unidos, y allá, no basta con sentirse ofendido, sino que necesitas probar que mientes, y esto no puede hacerlo este gobierno de la 4T. Porque si lo dicho por Trump fuera falso, ¿Por qué tantos datos lo confirman? ¿Por qué hay regiones bajo control criminal en México? La estrategia del gobierno morenista frente al narco parece más bien un taller de derecho civil: si no puedes contra ellos, demándalos. Donald Trump podrá ser imprudente, pero dijo lo que muchos callan en México. Esto no petrifica al gobierno, petrifica al ciudadano que sabe quién manda realmente, y no es desde Palacio Nacional…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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