Consejo de Seguridad dividido por la captura de Maduro y la intervención de Estados Unidos

Consejo de Seguridad dividido por la captura de Maduro y la intervención de Estados Unidos

Países confrontan soberanía y seguridad: llamados a no intervención frente a respaldos a la operación militar y la polarización regional

América Latina y el resto del mundo evidenciaron profundas divisiones en el Consejo de Seguridad de la ONU ante la crisis entre Estados Unidos y Venezuela, con posturas que oscilaron entre llamados a respetar la soberanía venezolana y respaldos explícitos a la operación militar impulsada por la Casa Blanca. La discusión internacional se centró en la tensión entre principios de no intervención y la justificación de acciones externas en nombre de la seguridad o la lucha contra el crimen, lo que dejó en claro la fragmentación de criterios entre los miembros del máximo órgano de la ONU.

La detención del depuesto presidente Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, fue el detonante que motivó la convocatoria de urgencia, y desde la región llegaron críticas contundentes sobre el precedente que podría sentar la intervención. La representante colombiana Leonor Zalabata Torres cuestionó si estas acciones no remiten a “los peores momentos de injerencias” en la política latinoamericana y advirtió que se estaría aceptando que “la ley e intereses del más fuerte prevalezcan sobre el multilateralismo”, una lectura que puso en el centro el debate sobre la primacía del poder frente a las normas internacionales.

Desde Moscú, el representante Vasili Nebenzia rechazó con dureza las acciones de Estados Unidos, calificándolas como crímenes sin justificación y exigiendo un reconocimiento de la soberanía de otros Estados. Nebenzia insistió en que la Casa Blanca debe dejar de intentar derrocar regímenes incómodos y respetar los marcos legales internacionales, planteamiento que reflejó la postura de varios países que ven en la operación una violación del principio de no intervención.

China se sumó a las críticas y su representante, Geng Shuang, denunció que Estados Unidos ha “pisoteado la soberanía venezolana, su seguridad y sus derechos e intereses legítimos”, subrayando que ningún país puede erigirse como policía o juez del mundo. Con ese argumento, Beijing reafirmó su apoyo político a Maduro y al pueblo venezolano, en línea con las voces que piden soluciones multilaterales y respeto a los procesos internos de cada nación.

En contraste, algunos países de la región ofrecieron lecturas distintas sobre el episodio: Argentina expresó confianza en que los hechos puedan representar un avance contra el narcoterrorismo y una oportunidad para que Venezuela recupere la democracia, según su embajador Francisco Tropepi; Panamá advirtió que la situación se desarrolla en un contexto marcado por el desconocimiento de la voluntad popular, señaló su representante Eloy Álfaro de Alba. Las intervenciones se dieron ante la presencia del embajador venezolano Samuel Moncada, quien aseguró que su gobierno mantiene “el control efectivo sobre todo su territorio”, cerrando así un debate marcado por la polarización y la incertidumbre sobre los pasos siguientes.