El artista reivindicó una visión inclusiva de América y puso en primer plano demandas sociales de Puerto Rico
Bad Bunny abrió su actuación en el medio tiempo del Super Bowl LX con un repertorio de éxitos que incluyó “Tití me preguntó”, “Safaera” y “Debí tirar más fotos”, pero la puesta en escena trascendió lo musical para convertirse en una declaración política. Desde el inicio, el espectáculo combinó energía y simbolismo: la escenografía, las banderas y los detalles visuales funcionaron como recursos para articular una narrativa sobre identidad, migración y pertenencia continental.
Un elemento que concentró la atención fue el balón bordado con la frase “Together we are America”, un lema que Bad Bunny ha defendido en otras plataformas y que aquí cobró mayor visibilidad. Con ese mensaje, el artista cuestionó la lectura exclusiva del término “America” como sinónimo de Estados Unidos y propuso, en cambio, una interpretación que abarca al continente entero y a sus múltiples culturas. La elección de palabras en un escenario global como el Super Bowl transformó un objeto escénico en un gesto político deliberado.
La reivindicación se profundizó cuando el show izó y nombró países latinoamericanos, entre ellos Argentina, Perú, Chile, México, Honduras y El Salvador, poniendo en el centro a comunidades que históricamente han sido parte esencial de la construcción social del continente. Al visibilizar esas naciones en un evento masivo, Bad Bunny subrayó la presencia y el aporte de América Latina, y desafió discursos que buscan reducir la noción de América a una sola nación.
La interpretación de “El Apagón” añadió una capa más explícita de crítica social: la canción denuncia problemas estructurales en Puerto Rico, como los cortes de energía, la privatización de servicios y la gentrificación impulsada por incentivos fiscales que encarecen la vivienda. Al llevar esa pieza al Super Bowl, el artista trasladó una problemática local a una audiencia global, usando la música para visibilizar el despojo y el desplazamiento de comunidades boricuas frente a intereses económicos externos.
El cierre simbólico del espectáculo estuvo marcado por la frase proyectada en las pantallas: “The only thing more powerful than hate is love”. Más allá de su simplicidad, la consigna funcionó como respuesta al clima de polarización y exclusión, apelando a la unión y la empatía como antídotos frente al odio. En conjunto, la puesta en escena de Bad Bunny convirtió el medio tiempo en un espacio de reivindicación cultural y política, donde la música sirvió para plantear una visión inclusiva y crítica sobre el presente del continente.