El presidente estadounidense presiona desde Truth Social mientras crecen las denuncias de represión y las reacciones internacionales
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, instó el martes a los iraníes a continuar con las protestas y afirmó en su publicación en Truth Social que “la ayuda está en camino”, sin ofrecer detalles sobre su naturaleza. En el mismo mensaje anunció la cancelación de todas las reuniones con funcionarios iraníes hasta que, dijo, cese la “matanza sin sentido” de manifestantes, en un contexto de enfrentamiento entre el Ejecutivo estadounidense y el clero iraní por la respuesta a las movilizaciones.
Las protestas, detonadas por la grave situación económica, constituyen el mayor desafío interno a los gobernantes clericales de Irán en años y se producen tras un periodo de creciente presión internacional luego de ataques israelíes y estadunidenses el año anterior. Autoridades iraníes reconocieron por primera vez un número elevado de víctimas: un funcionario citado por Reuters afirmó que alrededor de 2 mil personas habían muerto en las protestas, aunque no detalló la identidad de los fallecidos y atribuyó parte de la violencia a “terroristas”.
En paralelo a las declaraciones y a la escalada de violencia, Trump anunció la imposición de aranceles del 25% a las importaciones de productos de cualquier país que haga negocios con Irán, medida que busca aumentar la presión económica sobre Teherán. El presidente también ha señalado que entre las opciones consideradas para castigar la represión figuran acciones militares adicionales, y en días recientes afirmó que “estamos listos para atacar”, lo que elevó la tensión diplomática en la región.
La reacción internacional fue inmediata y diversa: China criticó el anuncio de aranceles, dado que es uno de los principales compradores del petróleo iraní, mientras que Rusia condenó lo que calificó de “interferencia externa subversiva” y consideró inaceptables las amenazas de nuevos ataques militares. Estas respuestas reflejan la complejidad geopolítica alrededor de Irán, cuyos principales socios comerciales incluyen además a Turquía, Irak, Emiratos Árabes Unidos e India.
A pesar de la magnitud de las protestas y de la presión externa, no hay señales claras de fractura en la élite de seguridad iraní que ponga en riesgo inmediato el sistema clerical establecido desde 1979. No obstante, la incertidumbre persiste: el canciller alemán Friedrich Merz afirmó que cree que el gobierno podría caer en semanas, una predicción que el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araqchi, rechazó acusando a Berlín de doble rasero y cuestionando su credibilidad.