Morena, ante la advertencia de la historia inmediata

Felipe Guerrero

14 Enero 2021

Desde Sinaloa

Después del proceso electoral del 2018 la clase política en el país fundamentalmente se visualiza en dos contextos: Los que arrolló y sepultó el tsunami generado por la personalidad de López Obrador y los que se encaramaron en la cresta de la ola sin saber siquiera si iban a ganar, mucho menos qué hacer después.

 

Lo que a estas alturas queda más claro aún, es que el fenómeno fue provocado por un solo hombre, al que la voluntad ciudadana se entregó atraída por su carisma y sus propuestas de transformar a un país vulnerado en sus cimientos por la corrupción y la violencia. En la coyuntura, las estructuras operativas de los partidos tradicionales volaron en pedazos y quienes en la tómbola emergieron como una nueva clase política se vieron de pronto, de la noche a la mañana, en un escenario para el que la mayoría de ellos no estaban preparados.

 

Por eso ahora es pertinente preguntar: ¿Hasta dónde los ciudadanos que en el 2018 votaron por López Obrador y sus acompañantes están dispuestos a ratificarlos en las elecciones históricas de este 2021? ¿Hasta dónde la Cuarta Transformación, en todos sus niveles de gobierno, ha cumplido sus compromisos con el pueblo de México? ¿Hasta dónde los partidos sepultados por el tsunami, (PRI-PAN-PRD) realmente han recuperado su credibilidad de frente a los ciudadanos o aprovechado los errores y falta de compromisos de los gobiernos surgidos de MORENA?

 

En el caso del PRI se observa que, pese a la debacle y a las limitaciones financieras, ha tenido más capacidad para reestructurarse porque fue obligado a centrarse en ello, mientras el partido en el poder, con todos sus recursos, paradójicamente no existe en la mayoría de los estados. Aquí fue al revés, se atomizaron, se dividieron y gobernadores, alcaldes y diputados aprovecharon para conformar sus grupos. Por eso ahora la nueva dirigencia nacional, ante la urgencia de nombrar candidatos con credibilidad se ve amenazada y, ya muy tarde, sigue atrapada, luchando en contra de quienes se aferran al hueso mientras los tiempos electorales avanzan irremediablemente.

 

Todo esto, desde luego, no es ajeno a las evaluaciones que ahora hace la clase política ante el proceso electoral en marcha. Una de estas consideraciones tiene que ver hoy con incluir en sus candidaturas a ciudadanas y ciudadanos con credibilidad social y elegir internamente a militantes con capacidad de convocatoria interna y externa. Eso está bien porque la intención es ganar, pero no necesariamente cambiar. Hasta ahora, por el lado de los dos grandes bandos, el discurso de la evaluación autocrítica está ausente.

 

En el caso de los partidos de la Alianza PRI-PAN-PRD queda claro que sus principios centrales no es lo que los une porque son históricamente antagónicos, sino la necesidad de recuperar espacios de poder uniendo esfuerzos bajo una divisa centralmente abstracta: Dicen que lo hacen por México. O como lo dijo el dirigente nacional del PAN, Marco Cortés: “Porque nos une la amenaza que hoy vivimos todos”. No se rinden, no se comprometen a cambiar porque le apuestan a que con los errores del actual régimen les alcanza para ganar. Por eso el discurso no es de transformaciones, ni de cambios profundos, sino que está construido sobre las fallas, que no son pocas, del régimen López-Obradorista y de los gobiernos locales de MORENA, sin embargo, bajo esta bandera, la oposición puede convertirse en mayoría de nuevo si el partido en el gobierno no se atreve a realizar cambios bajo su propia autocrítica.

 

Veamos: ¿Están dispuestos MORENA y sus aliados a realizar una valoración de fondo y reconocer si en estos dos años marcaron, de frente al ciudadano, una real diferencia en su modo de gobernar respecto al pasado? ¿Si efectivamente han cumplido o si resultaron peor que los de antes?

 

Mientras en MORENA la mayoría de los que ocupan cargos legislativos y ejecutivos pretenden reelegirse, la oposición PRI-PAN-PRD, busca perfiles ciudadanos competitivos porque parten de la idea fundada de que los morenistas no sólo han quedado a deber, sino que consideran que una buena parte de ellos han sido reprobados por los ciudadanos. Y en este sentido no les falta razón a los aliados de “Sí por México”, porque no pocos alcaldes como legisladores de MORENA se han comportado como gobernantes “chicharroneros”, peores algunos que los del PRI de los setenta.

 

¿Estará dispuesto López Obrador y la nueva dirigencia nacional de MORENA a impedir que los que se fueron en la tómbola y han mal gobernado compitan para tratar de reelegirse? Patalean y presionan sin pudor muchos de ellos, e incluso trasgreden las propias normas de su partido porque les gustó el poder y porque no han tenido rienda. Ni han tenido partido que los vigile y los obligue a cumplir, mucho menos estructuras de justicia que los someta partiendo de la idea central que llegaron ahí para “no robar, no traicionar y no mentir”. Que llegaron ahí para combatir la corrupción, hacer un gobierno eficiente y ponerse cien por ciento al servicio de los ciudadanos. ¿De verdad han cumplido con ello?

 

Si la cúpula nacional de MORENA cede ante las presiones de la continuidad y no se atreve a cribarlos y a entender que en lugar de sumar restan, entonces la oposición tendrá en esos candidatos a sus mejores aliados y no batallará mucho para recuperar sus posiciones en los diversos ámbitos de poder.

 

Sobre todo porque hasta ahora MORENA carece de estructura y de trabajo pre-electoral, mientras los de la alianza opositora hace rato que organizaron y afinaron sus escuadrones político-electorales. Y lo peor, porque saben que millones de ciudadanos decepcionados no acudirán a las urnas y que el techo de votantes históricos que tienen les es suficiente para ganar la elección. La historia no miente: Coahuila e Hidalgo son parte de una advertencia claramente no atendida. Como dijo Lipe: “Haiga sido como Haiga sido”.


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