
Columna Periodística -Sin Redundar-

Por Carlos Avendaño
¿Y la policía municipal de Mazatlán? La policía municipal del bello puerto de Mazatlán, tiene meses que brilla por su ausencia, pareciera que anda jugando a las escondidas. La pregunta resulta por demás inevitable: ¿Y dónde está la Policía Municipal de Mazatlán? Porque en las calles y en las avenidas del bello puerto, la presencia de los agentes municipales parece haberse vuelto prácticamente invisible. Y si nos vamos a la zona rural, la pregunta se vuelve todavía más grande. Claro que hay que reconocer que existe el nuevo grupo denominado “Fuerza de Reacción Interinstitucional”, cuyos recorridos en convoy -de cuatro o de cinco patrullas- sí llaman muchísimo la atención. Pero fuera de estos operativos, muchos ciudadanos se preguntan: ¿En dónde están las patrullas municipales? Quizá la respuesta sea que Mazatlán tiene ahora una fuerte presencia de elementos federales y que, ante la estrategia de seguridad implementada, el municipio considera suficiente este despliegue. Pero entonces surge otra pregunta por demás incómoda: ¿La seguridad de Mazatlán ya depende principalmente de las fuerzas federales? Porque una cosa es la coordinación entre las corporaciones, y otra cosa muy distinta, es que el ciudadano deje de identificar a su propia Policía Municipal patrullando cotidianamente su colonia, su calle o su comunidad. Esto sí, algo que volvió a hacerse muy visible, y estos son los retenes militares y de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. El pasado miércoles, por ejemplo, se observó un operativo en el crucero de las avenidas Juan Pablo II y Río Grijalva, en donde incluso taxis fueron sometidos a revisiones como parte de las acciones contra el robo de vehículos. También se han observado lo que podríamos llamar los “semi retenes” en las calles cercanas a las principales avenidas: elementos apostados, vigilando y atentos al movimiento vehicular, aunque sin detener a todos los automóviles. La estrategia puede tener una explicación operativa, pero para el ciudadano común, queda una imagen bastante peculiar: muchos militares, mucha presencia federal, y poca Policía Municipal a la vista. Y aquí nadie está diciendo que las fuerzas federales no debían de estar presentes en Mazatlán, sino al contrario, la pregunta resulta ser otra: ¿Qué papel está jugando actualmente la Policía Municipal de Mazatlán? Porque la seguridad cotidiana de una ciudad no puede depender solamente de convoyes especiales, de retenes y de fuerzas federales. También necesita policías municipales caminando las colonias, recorriendo las avenidas, atendiendo reportes y reconociendo el territorio. Porque si el ciudadano tiene que voltear a todos lados para encontrar una patrulla municipal y solamente encuentra militares y federales, algo merece una clara explicación. Y si la estrategia cambia, también sería bueno que alguien la explique. Porque en materia de seguridad, la ausencia de la policía municipal de Mazatlán, también se nota…
Otra mesa de trabajo, ¿Y los resultados para cuándo? La titular de la SADER, Columba López Gutiérrez, volvió este pasado miércoles a Sinaloa para “dar continuidad” a los temas del campo. Y, como ya parece costumbre, también llegó acompañada de una palabra que los productores sinaloenses ya conocen demasiado bien: “paciencia”. El problema es que buena parte de estos asuntos no son nuevos. Ya llevan meses brincando de una mesa de trabajo a otra, de una reunión a otra y, por lo visto, de una promesa a otra. La secretaria ya había estado en Sinaloa en agosto. Ahí se habló de pagos pendientes y de nuevos apoyos. Inclusive, de acuerdo con la información difundida entonces, SADER aseguró que antes del 30 de agosto quedarían liquidados los apoyos al maíz. Pero llegó septiembre, y todavía hay muchos productores esperando su pago. La propia dependencia federal informó el 18 de septiembre que aún existían productores pendientes y que continuaba el proceso para entregar los incentivos. Entonces surge una pregunta bastante sencilla: ¿Qué falta por diagnosticar? Los productores ya plantearon el problema, acudieron a las mesas de diálogo, se hicieron gestiones y hasta protestaron para intentar destrabar los apoyos. Y el problema tampoco termina ahí, porque por otro lado está el crédito, está la comercialización, está el precio del maíz, está la petición de un precio piso de 6 mil 500 pesos por tonelada. Es decir, el campo sinaloense no está pidiendo otra fotografía, otra mesa, otra carpeta ni otro listado de buenos propósitos, sino que está pidiendo resultados. Porque mientras un problema anterior todavía no termina de resolverse, ya aparecen nuevos compromisos sobre la mesa. Y ahí está precisamente el temor de los productores: que esta visita termine igual que las anteriores. Otra reunión, otra lista de acuerdos, otra promesa de seguimiento, y otra vez, a seguir esperando. Porque para las fotografías, las mesas y los discursos, parece que siempre hay tiempo. Lo que ya empieza a escasear es la paciencia del productor. El campo necesita que los acuerdos se reflejan en donde realmente importan: en el bolsillo, en la parcela y en el precio de la cosecha. Porque al productor no le sirve que el problema esté perfectamente diagnosticado si el dinero sigue sin llegar. Y mucho menos que le sigan diciendo que tenga paciencia cuando la cosecha, las deudas y los compromisos no esperan y cobran intereses…
El niño viene fuerte: ¿Estamos preparados? Agárrense, porque el clima también parece venir con ganas de complicarnos la vida. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) encendió las luces de alerta ante el fortalecimiento del fenómeno de “El Niño” 2026-2027. Y el dato no es menor: la OPS señala que existe una probabilidad superior al 90 por ciento de que alcance una intensidad “muy fuerte” entre finales de este año y principios de 2027. ¿Qué significa esto? Que no estamos hablando solamente de calor o de lluvias. Dependiendo de la región, “El Niño” puede traer sequías, temperaturas elevadas, lluvias intensas, inundaciones, incendios forestales y deslizamientos de tierra. Y detrás del fenómeno climático viene otra preocupación: la salud de la población. La OPS advierte sobre mayores riesgos de enfermedades transmitidas por agua y vectores, problemas relacionados con el calor, afecciones respiratorias por incendios, inseguridad alimentaria y posibles interrupciones de los servicios de salud. Entonces la pregunta obligada es: ¿Estamos preparados para lo que viene? Porque una cosa es enterarnos cuando ya llegó la inundación, y otra cosa muy diferente, es prepararnos cuando todavía tenemos tiempo. Hospitales, drenajes, agua potable, caminos, presas, protección civil, agricultura y servicios públicos, deberían de estar revisando desde ahora sus planes de contingencia. Y en estados agrícolas como Sinaloa, el asunto todavía adquiere mayor importancia. Porque si vienen cambios fuertes en las lluvias y las temperaturas, el campo también estará en la primera línea de impacto. La propia OPS insiste en que los países deben fortalecer sus sistemas de vigilancia, alertas tempranas, agua segura, servicios de salud y planes de contingencia antes de que los fenómenos extremos se conviertan en emergencias. Así que más vale prevenir que lamentar. Porque después, cuando llegue el agua, la sequía, el calor o cualquier emergencia, de poco servirá organizar reuniones para explicar por qué nadie estaba preparado. “El Niño” está tocando la puerta. Ahora falta saber si nuestras autoridades también están preparando la respuesta o van a esperar a que les llegue el agua hasta el cuello…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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