
Columna Periodística -Sin Redundar-

Por Carlos Avendaño
El IMSS en las calles y el Gobierno Federal en la burbuja. ¡Protestas en buena parte del país, estimado lector! Los Trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) salieron a las calles para exigir mejores salarios, medicamentos, insumos médicos, instalaciones dignas y respuestas a sus inconformidades sindicales. Médicos, enfermeras, jubilados y personal de distintas áreas, fueron quienes levantaron la voz. Las movilizaciones se extendieron a varios estados y provocaron bloqueos en muchas avenidas por demás importantes. No salieron a festejar los logros de la “Cuarta Transformación”, sino que salieron a reclamar lo que consideran que les hace falta para trabajar y atender a los pacientes. Y aquí viene lo meramente bueno. La propia presidenta Claudia Sheinbaum Pardo reconoció que existen demandas legítimas, pero también rechazó que el sistema de salud esté en una crisis generalizada y señaló a la oposición y a las granjas de Bots por distorsionar la percepción de lo que realmente ocurre. ¡Hágame usted el condenado favor estimado lector! ¿Desde cuándo los problemas de un hospital se resuelven discutiendo si una protesta tiene muchos o pocos participantes? ¿Desde cuándo la falta de medicamentos se convierte en un asunto de percepción política? Porque si faltan insumos, hay que comprobarlo y resolverlo, pero si existen vacantes sin cubrir, hay que explicar el por qué. Y si los trabajadores consideran insuficiente el aumento salarial, corresponde escucharlos y transparentar la negociación. El gobierno sostiene que el incremento global propuesto es de 6.8%, compuesto por 2.9% al salario tabular y 3.9% en prestaciones. Los inconformes del sector salud, sin embargo, exigen mejores condiciones y cuestionan que esta propuesta responda a sus necesidades. Ahí está el conflicto, y no se resuelve descalificando a quienes protestan. Porque una cosa es la disputa política, y otra cosa muy distinta, es la realidad de quien llega a una clínica buscando atención, de quien espera un medicamento o de quien trabaja en un hospital y denuncia que no cuenta con todo lo necesario. ¡La falta de medicamentos no se cura con discursos, y la inconformidad laboral no desaparece llamándola oposición! Por esto, estimado lector, hagamos algo por demás sencillo: preguntemos de manera personal a los pacientes, escuchemos al personal médico y observemos las condiciones reales de todas las unidades de salud. Esto lo aclaro, no es para condenar de antemano a nadie, sino para exigir información, pruebas y soluciones verificables. Y que tampoco se confunda la crítica con el deseo de que fracase el sistema de salud. Sino que, todo lo contrario: queremos que funcione, porque de él dependen millones de familias mexicanas. El gobierno tiene la obligación de atender las demandas, de presentar resultados y de demostrar con hechos en dónde están los avances. Si hay problemas, que los reconozca, si hay soluciones, que las haga visibles, y si alguien exagera o miente, que lo demuestre con datos y hechos contundentes. Lo que no puede hacerse es convertir cada reclamo en una conspiración política. Ya se acerca el 2027 y los ciudadanos tendrán nuevamente la oportunidad de evaluar a sus gobernantes en las urnas. Pero más allá de las elecciones, la salud no puede esperar al calendario electoral ni convertirse en moneda de cambio entre los partidos. Porque los gobiernos pasan, los discursos cambian y las campañas terminan, pero el paciente que necesita atención sigue ahí, esperando. Y cuando un sistema de salud necesita que sus propios trabajadores salgan a la calle para exigir mejores condiciones, el gobierno debería escuchar primero y buscar culpables después. Saque usted sus propias conclusiones, estimado lector. Los leo en los comentarios…
Imelda Castro, las bardas y la austeridad que llegó tarde. ¡Qué cosas tiene la política mi estimado lector! Mientras todavía falta un buen tiempo para que arranquen formalmente los procesos de campañas electorales rumbo al 2027, Imelda Castro Castro ya lleva bastante camino recorrido en su promoción política por casi todo Sinaloa. Y no es solamente percepción o chisme de café. Pero la senadora con licencia ha enfrentado diversos procedimientos y denuncias electorales por presuntos actos anticipados de precampaña y de campaña, de promoción personalizada y de supuesto uso indebido de recursos públicos. El propio Instituto Estatal Electoral de Sinaloa (IEES) documentó que entre las quejas se incluyeron asambleas informativas, entrega de artículos promocionales y de pinta de bardas. Los denunciantes han hablado de más de 100 bardas y más de 120 eventos públicos. ¡Ah, caray! Entonces uno se hace la pregunta obligada: ¿Y la austeridad republicana en dónde quedó? Porque una cosa es que una política tenga derecho a recorrer Sinaloa, reunirse con ciudadanos y participar en actividades partidistas cuando la ley lo permita, pero otra cosa muy diferente es, que desde mucho antes del arranque formal del proceso electoral, ya exista una presencia política tan intensa que sus adversarios hayan terminado llevándola ante las autoridades electorales. Esto sí: tampoco hay que hacerle al adivino, porque las resoluciones han sido complejas. El Tribunal Electoral Federal revocó parcialmente una resolución anterior, y posteriormente el Tribunal Electoral de Sinaloa volvió a pronunciarse sobre una infracción relacionada con promoción personalizada. Además, otro procedimiento reciente del IEES determinó inexistentes diversas infracciones denunciadas. Es decir, las denuncias existen, pero no todo lo denunciado significa automáticamente que haya una violación acreditada. Ahora bien, políticamente hablando, la pregunta obligada permanece: ¿De verdad hacía falta tanta promoción desde tan temprano? Porque si alguien aspira a encabezar la llamada Coordinación de la Defensa de la 4T y eventualmente competir por la gubernatura, seguramente sabe que cada barda, cada evento y cada aparición pública será revisada con lupa fiscal. Y si además se habla de austeridad, pues entonces habrá que preguntarse cuánto cuesta toda esta promoción y quién o quiénes la pagan, por qué y para qué. Porque en la política existe una regla no escrita: cuando todavía no empieza la campaña y ya parece campaña, tarde o temprano alguien pregunta quién está pagando todo el espectáculo. Y esta pregunta estimado lector, todavía se encuentra en el aire…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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