MéxicoInternacionalSinaloaPolíticaEspectáculosDeportesPoliciacaInsólitoEstilo y vidaOpinión
- La Gaceta

Columna Periodística -Sin Redundar-

Columna Periodística -Sin Redundar-
https://www.facebook.com/AlcaldiadeAhome

Por Carlos Avendaño                                      21 Octubre 2026

¡El Doctor Simi tiene medicinas y el IMSS tiene explicaciones! ¡Vaya pregunta de la colega periodista Azucena Uresti que le cayó como una inyección sin anestesia al flamante director del IMSS, Zoé Alejandro Robledo Aburto! ¿Por qué hay medicamentos en las Farmacias Similares y no siempre en las farmacias del Seguro Social? La periodista puso el dedo en una de las heridas más sensibles del sistema de salud mexicano: el desabasto que denuncian pacientes y trabajadores, precisamente cuando el gobierno presume avances en la atención médica. La respuesta de Zoé Robledo fue que desconoce cómo funciona el abastecimiento de las Farmacias Similares y que ambos modelos no son comparables. Tiene razón en un punto: una cadena privada y una institución pública operan con estructuras, obligaciones y mecanismos de distribución diferentes. Pero esta explicación no responde la pregunta que millones de derechohabientes se hacen cuando llegan a recoger sus medicinas y reciben la noticia de que no hay existencias. A ver mi estimado lector, no nos hagamos bolas por favor. Nadie está diciendo que el IMSS tenga que funcionar exactamente como una farmacia privada. Lo que se está exigiendo es que una institución que protege la salud de millones de mexicanos garantice en la medida de sus obligaciones, el suministro oportuno de los medicamentos recetados. Y aquí aparece la contradicción que merece una explicación seria. El IMSS informó que su abasto promedio era del 94%, sin embargo, un promedio nacional no elimina los faltantes en una clínica, una ciudad o un hospital. Para el paciente que necesita un medicamento y no lo encuentra, este porcentaje no sirve de consuelo. Además, las protestas recientes de parte de los trabajadores del Seguro Social han puesto sobre la mesa reclamos por falta de insumos, de mejores condiciones laborales y de problemas en la operación de las unidades médicas. Y estos no son asuntos que puedan resolverse únicamente con conferencias de prensa. Por esto, la pregunta no debería incomodar solamente a Zoé Robledo, sino que también tendría que ocupar a los responsables de las compras, de la distribución, de los almacenes y de la administración de medicamentos. Preguntas por demás obligadas: ¿En dónde se rompe la cadena de suministro? ¿Faltan compras, fallan los proveedores o el problema está en la distribución? ¿Qué medicamentos registran más faltantes y en qué unidades? ¿Cuánto tarda el IMSS en surtir una receta incompleta? ¡Estas son las respuestas que necesita el ciudadano! Porque cuando una familia tiene que comprar por su cuenta una medicina que esperaba recibir mediante la seguridad social, el problema no es una discusión entre el gobierno y la oposición, sino que es un gasto que sale de su bolsillo y una preocupación que se suma a la enfermedad. Y cuidado, porque tampoco se trata de afirmar que Farmacias Similares tiene absolutamente todos los medicamentos ni que el IMSS carece de todos. Pero la comparación debe de hacerse con datos, con medicamentos específicos y con disponibilidad real. Pero precisamente por esto las autoridades tienen que transparentar sus cifras y explicar los faltantes concretos. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo instruyó a presentar un plan para atender las demandas legítimas de los trabajadores y reconoció que existen medicamentos con problemas de abasto. Ahora toca conocer los resultados, no solamente los anuncios. La salud no se administra con excusas, se garantiza con medicamentos disponibles, personal suficiente y una distribución que funcione. Así que, estimado lector, la pregunta de Azucena Uresti sigue en el aire: ¿Por qué un paciente puede encontrar determinado medicamento en una farmacia privada y no en la unidad del IMSS en donde se lo recetaron? Que Zoé Robledo explique la diferencia entre ambos modelos es válido. Pero lo verdaderamente importante es que explique cómo va a resolver los faltantes y cuándo podrá el derechohabiente comprobar que la solución ya llegó. Porque cuando la enfermedad toca la puerta, el paciente no necesita estadísticas para sentirse mejor ni discursos para bajar la fiebre, lo que necesita inmediatamente es su medicamento, y lo necesita a tiempo…

El empleo cae y la excusa ya no alcanza. Casi dos años y medio consecutivos de pérdida de empleo no son ninguna racha, esto es una tendencia. Y cuando la tendencia es negativa, ya no alcanza con culpar al país vecino. Porque sí, los aranceles de los Estados Unidos pueden influir, pero pretender explicar por sí solos la caída del empleo en el sector exportador es, en el mejor de los casos, una simplificación conveniente. Los datos son por demás que claros: el personal ocupado en establecimientos de la industria manufacturera, maquiladora y de servicios de exportación (IMMEX) en México cayó 3.17% en el mes de agosto, y con ello, se acumulan ya 30 meses consecutivos hacia la baja. Esto ya no es coyuntura, es un problema estructural. Primero, el aumento de los costos laborales. México dejó de ser el paraíso de la mano de obra barata, pero sin lograr convertirse en un polo de alta productividad. Suben los costos, pero no necesariamente la competitividad. Y en este desbalance, la inversión duda. Segundo, el deterioro de las expectativas económicas. Porque la inversión no se mueve solo con cifras actuales, sino con lo que se anticipa. Y cuando el entorno se percibe incierto -por decisiones regulatorias, señales políticas o falta de claridad- el capital se vuelve cauteloso o emigra. Tercero, la caída en la inversión fija. Sin inversión no existe expansión, sin expansión no hay empleo. Es una cadena muy simple, pero brutalmente efectiva. Y mientras tanto, el discurso insiste en factores externos. Como si la economía nacional fuera un espectador pasivo de lo que ocurre fuera de sus fronteras, pero no lo es. Porque el verdadero problema no es que existan presiones externas -esto siempre ha sido parte del juego-. El verdadero problema es cuando las condiciones internas dejan de ser un amortiguador y se convierten en un amplificador del daño. Al final de cuentas, la pregunta no es si Estados Unidos influye, la pregunta es, ¿Por qué México no está resistiendo mejor? Porque cuando el empleo cae durante más de dos años seguidos, ya no estamos frente a una tormenta externa, estamos frente a grandes fallas internas que nadie quiere reconocer…

Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…

Facebook: Carlos Avendaño   Twitter: @Carlosravendano   http://www.carlos-avendano.com

hectormunoz.com.mx - lagaceta.me - entreveredas.com.mx - https://www.rrcnoticias.com/ – nexusmedia.com – entreredes.com.mx

Artículos relacionados