Teherán rechaza las declaraciones mientras aumentan los ataques en Oriente Medio
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró el lunes que la guerra contra Irán “terminará muy pronto”, aunque las autoridades iraníes respondieron que serán ellas quienes decidan el final del conflicto. La ofensiva, iniciada hace diez días por Estados Unidos e Israel, continúa intensificándose en varios frentes del golfo Pérsico con ataques de misiles y drones. Las palabras de Trump tuvieron un efecto inmediato en los mercados internacionales, donde el precio del petróleo retrocedió tras haber superado los 100 dólares por barril.
Durante una conferencia en Florida, Trump aseguró que la operación militar avanza “muy por delante” del cronograma previsto de cuatro a cinco semanas. El mandatario advirtió que Estados Unidos golpearía “muy, muy duro” a Irán si bloquea el transporte de petróleo en el estrecho de Ormuz, paso estratégico por el que circula una quinta parte de la producción mundial de crudo y gas natural licuado. En respuesta, el jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Alí Larijani, afirmó que el estrecho permanecerá cerrado mientras continúe la guerra.
El ejército estadounidense informó que ha atacado más de 5 mil objetivos en diez días, incluidos 50 buques iraníes, con el objetivo de destruir las capacidades balísticas de Teherán. Israel, por su parte, lanzó una oleada de ataques “a gran escala” sobre la capital iraní. En paralelo, Irán movilizó a sus partidarios para respaldar al nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, quien asumió tras la muerte de su padre, el ayatolá Alí Jamenei, ocurrida el primer día de la guerra. Según cifras oficiales, mil 200 personas han muerto desde entonces, aunque no han sido verificadas de manera independiente.
La escalada bélica también se extendió al Líbano, donde Hezbolá juró lealtad al nuevo líder iraní y arrastró al país a la guerra con un ataque en territorio israelí. Desde entonces, el ejército israelí bombardea de forma constante posiciones libanesas, provocando la muerte de 486 personas y el desplazamiento de más de medio millón. El presidente libanés Joseph Aoun acusó al grupo chiita de intentar provocar un “colapso” nacional, mientras Rusia expresó su apoyo a Irán y el papa León XIV manifestó su pesar por las víctimas.
En el plano económico, el conflicto disparó los precios del petróleo hasta niveles no vistos desde la invasión rusa de Ucrania en 2022. Los ministros de Finanzas del G7 discutieron la posibilidad de liberar reservas estratégicas de crudo para estabilizar el mercado. Tras las declaraciones de Trump sobre un posible final cercano de la guerra, Wall Street repuntó y el efecto se extendió a los mercados asiáticos, donde el precio del petróleo cayó 7% en la jornada del martes, situándose en torno a los 90 dólares por barril.