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- Oscar Flores

La farsa de los operativos: en Sinaloa la orden es no molestar al grupo criminal que manda

La farsa de los operativos: en Sinaloa la orden es no molestar al grupo criminal que manda
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Los Mochis, Sinaloa.- En Sinaloa ya no se habla de falta de capacidad. Se habla de instrucciones; elementos activos de diferentes corporaciones, municipales, estatales y federales, coinciden en lo mismo bajo condición de anonimato.

Al parecer la orden es no molestar,  Ver, reportar por radio, y dejar pasar. Cuando hay enfrentamientos, detenciones o decomisos, casi siempre es contra los grupos que no tienen protección.

No es un secreto en las calles. Es el comentario común en las bases, en las patrullas, en los grupos de WhatsApp de policías que saben que su vida depende de a quién detienen, no de a quién dejan ir.

La lógica es perversa y visible para todos. En Culiacán, en Mazatlán, en Los Mochis, circulan camionetas artilladas, con gente armada y sin placas, frente a retenes de la Policía Municipal y de la Estatal Preventiva. Las ven. Las graban. Y las dejan pasar. Basta con una llamada: “son de los amigos, déjalos”.

Pero si es un grupo rival, si es gente que no pagó la cuota, que no trae el código, que no pertenece a la facción protegida, entonces sí hay operativo, sí hay despliegue, sí hay boletín con fotos y armamento asegurado.

Por eso la estadística en Sinaloa es de risa. Cientos de homicidios, levantones a plena luz del día, ejecuciones en vivo frente a supermercados y bares de la Zona Dorada, y las detenciones relevantes se cuentan con los dedos de una mano. Y cuando hay detenidos, son siempre del mismo bando.

El caso de la Zona Dorada de Mazatlán es el ejemplo perfecto. Levantan a dos turistas juarenses saliendo de un bar, los suben a un sedán blanco, los pasean por horas.
¿Dónde estaba la Policía Turística, la Estatal, la Guardia Nacional que patrulla esa avenida 24 horas? A unos metros. Viendo.

En Culiacán la historia se repite. Los vecinos denuncian que marcan al 911 y la patrulla llega una hora después, cuando los sicarios ya se fueron. Pero si la llamada es de un empresario protegido, llegan en tres minutos con todo y Ejército.

La administración interina de Yeraldine Bonilla heredó el mismo aparato de seguridad que operó con Rubén Rocha Moya, el mismo secretario, los mismos directores, los mismos comandantes regionales. No se ha movido una sola pieza clave desde los culiacanazos. ¿Cómo esperar resultados distintos?

En Sinaloa no hay una guerra contra el crimen. Hay una administración del crimen. Y a las policías les tocó el peor papel: ser espectadores uniformados de su propio estado. 

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