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- Oscar Flores

Ohuira agoniza: la “modernidad” que arrasa manglares en Paredones

Ohuira agoniza: la “modernidad” que arrasa manglares en Paredones
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Paredones, Ahome.- Otra vez lo mismo. Otra vez un trascabo metido hasta el cuello del mangle, otra vez la excusa del “progreso” y otra vez fueron los pescadores, no el gobierno, los que tuvieron que parar la máquina.

El miércoles a un kilómetro al sur del malecón de Paredones, a orillas de la Bahía de Ohuira, un operador fue sorprendido rastrillando 50 metros lineales de mangle rojo, mangle negro y madre de las ciénegas. Especies protegidas por la ley mexicana, por convenios internacionales, pero desprotegidas frente al billete.

¿El sitio? Un predio donde antes hubo una camaronera y una salina abandonada. Terreno que ahora algunos empresarios ven como oro: primero tiras el mangle, luego rellenas, luego regularizas y al rato pones una bodega, un atracadero, un hotel boutique con vista al humedal asesinado.

Ohuira no es cualquier charco. Es sitio Ramsar, es de los últimos refugios de aves playeras migratorias del Pacífico, es la guardería de camarón, jaiba y lisa que le da de comer a Paredones, Lázaro Cárdenas y Topolobampo. Sin mangle no hay pesquería. Sin pesquería no hay pueblo.

Pero al desarrollo le vale. El mismo desarrollo que ya nos costó 28 hectáreas taladas impunemente para la planta de amoniaco, sin consulta indígena y violando el Convenio 169 de la OIT. El mismo desarrollo que prometió empleos y dejó amenazas a los gobernadores indígenas que se opusieron.

Nos dicen que Ahome necesita “competitividad”, “atraer inversiones”, “despegar”. ¿A qué costo? ¿Convertir una laguna viva en un canal muerto rodeado de concreto?

Lo más indignante: la PROFEPA solo llegó a levantar el acta porque la comunidad los obligó. Si los pescadores no se plantan, el trascabo sigue y nadie se entera. SEMARNAT rechaza limpiar drenes porque hay mangle, pero no aparece cuando lo están talando con maquinaria pesada.

Hay que decirlo claro: en Ahome el mangle no se muere, lo matan. Y lo matan con permiso implícito.

Mientras el Ayuntamiento habla de reforestación en camellones del Rosales, permite que en la bahía se deforeste a lo bestia. Mientras discuten 30 árboles secos en la ciudad, dejan que en la costa arrasen un ecosistema que tardó miles de años en formarse.

Paredones hoy hizo lo que el Estado no hace: defender su territorio. Se quedó en guardia, con lanchas, con celulares grabando.

Pero no pueden solos. Si Ohuira cae, no será por ignorancia. Será por complicidad. 

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