

En lo que representa un parteaguas para la investigación científica y la salud pública en el país, un equipo de especialistas del Instituto Politécnico Nacional (IPN) confirmó la presencia de partículas de nano y microplásticos en los fluidos corporales de habitantes en México. El estudio pionero demuestra que los residuos plásticos de la vida cotidiana ya forman parte del torrente sanguíneo y los desechos orgánicos humanos.
Los hallazgos clave del biomonitoreo
La investigación, encabezada por científicos del IPN —con muestreos iniciales en comunidades como Corralero, Oaxaca—, analizó la concentración y distribución de distintos polímeros para entender cómo interactúan con el organismo:
- Fibras en la sangre: El análisis reveló que más del 70 por ciento de las partículas detectadas en las muestras de sangre corresponden a fibras, lo que evidencia la constante inhalación o ingesta de materiales sintéticos suspendidos en el ambiente.
- Polímeros industriales y de neumáticos: Entre los 10 tipos de plásticos identificados destacan el Nylon 66 (N66) —utilizado comúnmente en textiles—, el poliestireno (presente en envases y desechables) y partículas de caucho sintético (NBR), ligadas directamente al desgaste y fricción de los neumáticos de automóviles en las vialidades.
- Orina como matriz de estudio: Los especialistas destacaron que el uso de la orina permitió un biomonitoreo no invasivo eficaz, encontrando una distribución más equilibrada entre fibras y pequeños fragmentos plásticos. Asimismo, se observó que materiales como el nylon 66 muestran una mayor permanencia o retención en el torrente sanguíneo en comparación con la orina.
La advertencia: Del desecho diario al cuerpo humano
La doctora Laura Arreola Mendoza, una de las principales investigadoras a cargo del proyecto, advirtió sobre la falsa percepción de que la contaminación plástica desaparece al tirar un envase o una bolsa a la basura. “Si la gente supiera que hoy lo tiras y mañana lo respiras o lo ingieres, otra cosa sería”, alertó la especialista, subrayando que estas partículas microscópicas también operan como vehículos transportadores de otros contaminantes y metales presentes en el entorno.
Aunque la comunidad científica global y nacional continúa evaluando el impacto clínico a largo plazo que este nivel de exposición provoca en la salud humana, el estudio del IPN abre un llamado urgente para replantear las políticas públicas de manejo de residuos, control de emisiones urbanas y la reducción del consumo de plásticos de un solo uso en el país.
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