
Columna Periodística -Sin Redundar-

Por Carlos Avendaño
¡La ASF le rasca a la última cuenta de Rocha Moya! ¿Y dónde quedó el dinero? ¡Agárrese bien estimado lector, porque las cuentas públicas de Sinaloa siguen dando de qué hablar! La Auditoría Superior de la Federación (ASF) investiga presuntas irregularidades en obras contratadas durante el gobierno de Rubén Rocha Moya, luego de detectar movimientos financieros que podrían revelar una triangulación de recursos públicos. De acuerdo con la información difundida, dependencias estatales y algunos ayuntamientos contrataron obras con una constructora cuyos integrantes tendrían vínculos familiares con un servidor público del gobierno estatal. La revisión detectó depósitos superiores a los montos de ciertos contratos, transferencias entre cuentas de la empresa y movimientos posteriores hacia dos familiares relacionados con ella. ¡Y aquí es en donde las preguntas comienzan a multiplicarse! Investigaciones periodísticas han relacionado a esta constructora con dos hijos de Rubén Rocha Moya: uno habría figurado como accionista y administrador único, mientras que el otro, aparecía como apoderado legal. Son datos que ameritan una revisión rigurosa, aunque la existencia de vínculos familiares o societarios, no demuestra por sí sola que se haya cometido un delito. El propio auditor superior, Aureliano Hernández Palacios Cardel, ha señalado que la investigación continúa y que todavía no se establece públicamente una responsabilidad personal del exmandatario. Tampoco se ha determinado una cantidad definitiva del posible daño al erario público. Así que no adelantemos sentencias, pero tampoco aceptemos que un asunto de esta naturaleza termine archivado entre expedientes, declaraciones y promesas de transparencia. Las preguntas del millón son por demás más sencillas: ¿Cuánto dinero público recibió la constructora? ¿Cuánto correspondía realmente a las obras ejecutadas? y ¿A dónde fue a parar cada peso? Porque una cosa es contratar una obra pública, y otra cosa muy distinta, es que los recursos recorren una cadena de cuentas hasta terminar en manos de particulares sin una justificación legal y financiera suficiente. Esto es precisamente lo que debe de esclarecer la auditoría. ¿Quién autorizó los contratos? ¿Cómo se verificaron los precios? ¿Quién supervisó las obras? ¿Se entregaron completas y con la calidad contratada? ¿Los pagos y transferencias corresponden a operaciones legítimas? o ¿Existen elementos que apunten a un desvío de recursos? ¡Estas son las respuestas que los sinaloenses merecen! Y si la ASF encuentra elementos de posibles delitos, deberá de presentar las denuncias correspondientes ante la Fiscalía General de la República (FGR). Después tendrán que venir las investigaciones ministeriales, las pruebas y, en su caso, las sanciones que determine la justicia. También es importante no confundir expedientes: los señalamientos financieros que ahora revisa la ASF son distintos de las acusaciones formuladas en los Estados Unidos contra Rubén Rocha Moya. Cada asunto requiere pruebas propias y debe de seguir su procedimiento legal. Lo que está en juego es mucho más que el nombre de un exgobernador. Se trata de recursos que debieron traducirse en caminos, infraestructura, servicios y obras útiles para la población. Cada peso que se compruebe desviado representa una obligación incumplida con los ciudadanos. Si hubo corrupción, que se castigue, si hubo desvío, que se recupere el dinero, y si las acusaciones no se sostienen, que también se aclare. ¡Porque el dinero público no es herencia familiar, caja chica ni patrimonio de ningún gobernante! Es dinero de todos los sinaloenses, y quienes lo administran tienen la obligación de explicar cómo lo gastan. Ahora le toca a la ASF llegar hasta el fondo del asunto, y a la FGR, si recibe las denuncias y los elementos correspondientes, investigar sin consigna ni protección política…
“El infierno será Disneylandia comparado con Sinaloa”. Vaya frase célebre del ex senador Aarón Irízar López, quien estuvo acompañando a Mario Zamora Gastelum, en la ciudad de Guamúchil este sábado pasado, en un evento con distintos sectores productivos de la región del Évora. Y esto lo dijo Aarón Irízar sin exagerar. Porque lo que hoy se vive en Sinaloa ya no cabe en una nota roja. La gente ya no pregunta si hubo balaceras, pregunta en dónde fue y a qué hora. Estos comercios bajan las cortinas a las seis de la tarde, y, por ende, los padres ya no dejan a los hijos en la calle, y los trabajadores salen con el Jesús en la boca a ver cómo es que llegarán a sus casas. El gobierno de la 4T nos dice que todo estaba controlado, que no pasaba nada. Cree usted estimado lector que Aarón Irízar López exagera cuando dice que el infierno será Disneylandia comparado con Sinaloa. Tan solo dense una vueltecita por Culiacán a las 8 de la noche y pregúntenle al comerciante que cierra temprano, al taxista que ya no entra a ciertas colonias, a la madre que no duerme. Esto no es exageración, es lo que se vive a diario. Pero el pueblo tiene otros datos: los que viven en la calle, en la colonia, en el camino al trabajo. Hoy Sinaloa está por demás dolido. Duele ver a familias desplazadas, a jóvenes que no ven su futuro, a madres que no duermen esperando a que su hijo regrese. No pedimos milagros, tan solo pedimos lo mínimo: poder vivir, poder trabajar y poder regresar a casa con bien sanos y salvos. Todo el centro de Sinaloa lleva dos años y contando, en donde uno ya no sabe si es balacera, levantón o toque de queda no oficial. Lo que antes eran historias aisladas, hoy es la rutina de la gente trabajadora que solo quiere abrir su local y que sus hijos lleguen bien a la escuela. El infierno no es exageración cuando tienes que explicarle a tu familia a qué hora ya no puede salir. Y vaya frase célebre del ex senador Aarón Irízar López, “El infierno será Disneylandia comparado con Sinaloa”. Desde este medio periodístico con más de un millón de lectores, seguiremos informando con veracidad, con el riesgo que esto implica, porque el silencio también mata. Y vaya que Sinaloa no merece vivir en el infierno…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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