THERIANS Y NAHUALES: CUANDO LA IDENTIDAD ANIMAL TRASPASA FRONTERAS CULTURALES

THERIANS Y NAHUALES: CUANDO LA IDENTIDAD ANIMAL TRASPASA FRONTERAS CULTURALES

En los Valles Centrales de Oaxaca, artesanos de San Antonio Arrazola y San Martín Tilcajete tallan en madera de copal figuras que representan nahuales y tonas, tradiciones que vinculan a las personas con animales protectores desde el nacimiento.

Las piezas, elaboradas con técnicas heredadas por generaciones, muestran un repertorio de más de veinte especies que van del jaguar a la serpiente y que, según los talladores, emergen de la propia veta de la madera.

La cosmovisión zapoteca establece que cada individuo nace ligado a una tona, un animal protector asignado por el día y el año de nacimiento que simboliza el destino y el alma. Esa relación se complementa con la figura del nahual, un ser mítico capaz de trasmutar y de conectar lo humano con lo animal y lo material con lo espiritual, una idea que se manifiesta tanto en la vida cotidiana como en la iconografía tallada.

En talleres y mercados del valle, la talla no es solo oficio sino ritual: los artesanos describen que “liberan” al animal que la pieza contiene y lo plasman con rasgos estilizados que combinan tradición y creatividad contemporánea. El resultado es un bestiario tallado que incluye especies como coyote, lagarto, armadillo, tortuga, conejo, venado, rana, perro, chango, búho, águila, mariposa, pescado, caracol, chuparrosa, tlacuache y cenzontle.

Especialistas en cultura local señalan que el pensamiento zapoteco vincula el origen humano con animales totémicos y que esa relación se expresa en símbolos y prácticas cotidianas. Se recuerda, por ejemplo, la analogía entre la mujer, la serpiente, la tierra y la luna como elementos que renuevan ciclos sin morir, y la persistencia de saludos y expresiones que mantienen viva esa herencia cultural.

La tradición de asignar tonas a los recién nacidos y de representarlas en copal mantiene su presencia en la vida social y ritual de las comunidades oaxaqueñas. Las piezas talladas funcionan como objetos de identidad y memoria, y su circulación en ferias y talleres contribuye a la transmisión intergeneracional de una visión del mundo que no separa a las personas de la naturaleza.